domingo sin noticias sabado de nigiris

Domingo sin noticias, sábado de nigiris

¿Os habéis dado cuenta de que hoy no hay noticias? Bueno, sí que las hay, pero ninguna de las gordas: ni catástrofe de la que el Gobierno pasa, ni invasión, ni caso nuevo de corrupción (y mira que como salga uno más, acabaremos antes nombrando a los que no están salpicados).

Y seguro que hay noticias, porque, a pesar de tener un país que parecen empeñados en dirigir cuesta abajo y sin frenos, las personas corrientes tenemos las nuestras. Las de nuestro día a día, esas que no salen en los telediarios, pero que a veces son las más importantes.

En mi caso, hoy me he despertado a las siete de la mañana con migraña. Ahora me he levantado para escribir un poco y dejar de sentir la cabeza como un bloque de cemento y un caos absoluto.

Sin embargo, estoy contenta. ¿Por qué? Porque ayer, después de más de seis meses, tuve un día limpio.

¿Y qué es un día limpio? Un día sin migraña y sin medicación para combatirla. Puede parecer poca cosa, pero para quienes convivimos con esta enfermedad, es casi como si nos hubiera todado la lotería.

Vamos por partes. Ayer era sábado y, por primera vez en mucho tiempo, pude disfrutar de un día normal. Me levanté pronto, desayuné, saludé a mis amigos cercanos (me dan vida cada día, ya os contaré) y dediqué un rato a hacer ejercicio (Taichi, mancuernas, estiramientos) y algunas tareas domésticas.

Pero lo mejor estaba por llegar: ¡ayer volví a escribir!

Sí, puede que para algunos no sea ninguna noticia extraordinaria, pero para mí fue una pequeña victoria. De esas que no necesitan titulares, aunque a veces merezcan una celebración.

Y el día siguió igual de estupendo. Antonio y yo pudimos salir a caminar hasta el centro y fuimos a comer al Nueve. Además, recibimos un regalo maravilloso y pude probar una novedad de nuestro querido restaurante: nigiris de salmón, atún y gamba.

Ya sé que estaréis pensando que tampoco es para tanto, que el sushi lo tenemos muy visto. Pero hablamos de nigiris de calidad, aquí, en Barbastro. Cosa que no hay si no vas al chino (y no tiene nada que ver).

Y la cosa no acaba aquí. Después de comer, todavía anduvimos un rato antes de volver a casa.

Y diréis… ¿Y qué?

Pues que normalmente, si por la mañana no tengo migraña, aparece después de comer. De hecho, siempre llevo la medicación en el bolso, por si acaso. Pero ayer no. Ayer disfruté de toda la tarde sin dolor, sin estar pendiente de cuándo llegaría el siguiente ataque y sin tener que organizar mi vida alrededor de la migraña.

Disfruté de un día pleno, limpio, de calma. De esos en los que puedes pasear, conversar, comer tranquilamente y disfrutar del otoño sin que nada te recuerde constantemente tus limitaciones.

Y aunque hoy, domingo, la cosa no ha empezado igual, merece la pena celebrar lo de ayer.

Porque, en un mundo en el que parece que siembre necesitamos grandes noticias para sentir algo de alegría, yo hoy tengo la mía: ayer fue un día sin migraña.

Quizás escribir y poner un poco de humor a mi vida sea justo lo que necesita mi cabezota para seguir dando guerra.