¿Os acordáis de Camera Café? Pues imaginad una máquina de café, un grupo de compañeros de trabajo y unas cuantas mentes con demasiado tiempo libre. El resultado podía ser cualquier cosa.
Cuando trabajaba en Barcelona, teníamos una máquina de café en la oficina y sucedían cosas muy curiosas. Éramos bastante gente y, entre risas, una de mis compis y yo empezamos a poner motes a nuestros compañeros y a imaginarnos que estábamos dentro de aquel programa de humor.
Nos reíamos tanto que se me ocurrió plasmar todas aquellas historias en un blog. Lo hice privado, para que solo pudiéramos leerlo unos pocos. No quería que mis jefes se enteraran (una cosa es tener sentido del humor y otra muy distinta buscarse un despido).
El blog tuvo bastante éxito entre mis compañeros y algún amiguete (como diría Santiago Segura). Para mi, además, fue una especie de terapia renovadora. Por aquel entonces tenía tiempo libre porque la empresa donde trabajaba se vio afectada por la crisis y no supo adaptarse a la nueva situación. Al final, hubo recortes de plantilla y la empresa acabó cerrando.
Mi vida cambió en muchos aspectos (de eso ya hablaremos), y poco a poco fui dejando de escribir.
Y ahora me pregunto: ¿y si recupero aquella creatividad?
Debido a mi enfermedad, últimamente ando un poco perdida. Hasta ahora me he ido distrayendo con objetivos a corto plazo y, aunque no me ha ido mal, siento que necesito encontrar un nuevo propósito. Mi situación de saludo no me va a permitir trabajar con normalidad, al menos de momento, y necesito encontrar algo que me ilusiones, que me mantenga la mente ocupada y que me ayude a mirar hacia adelante.
Hace días que le doy vueltas a esta idea de volver a escribir y publicarlo en mi blog. No soy redactora ni tengo formación en escritura, pero ¿desde cuándo hace falta tener título para contar lo que a una le pasa por la cabeza?
Además, últimamente utilizo un editor de inteligencia artificial para revisar lo que escribo. No quiero que me fabrique textos vacíos ni que piense por mi, pero reconozco que me ayuda a dar forma a mis ideas. Eso sí, como se me vaya la mano, acabaré escribiendo tan bien que ni yo misma me reconoceré.
Le doy una oportunidad al humor
Y aquí es donde entra mi nueva ocurrencia: ¿por qué no darle una oportunidad al humor? A lo que pasa en mi vida, en España y en el mundo. Porque, si algo nos sobra últimamente, son motivos para llevarnos las manos a la cabeza. Y si encima tienes migraña crónica, hasta pensar en todo lo que pasa puede acabar pasándote factura (mi cabeza ya tiene bastante trabajo sin que lo le de más motivos).
Sé que es difícil hacerse un hueco entre tanta información, tantos humoristas y tanta gente mucho más preparada que yo. Pero ¿por qué no intentarlo? No pretendo competir con nadie ni convertirme en una escritora de éxito (ojalá fuera el caso) ¿ Y si escribir se convierte en una especie de terapia para mi mente? ¿Y si consigo reírme un poco más de lo que me pasa y de todo lo que nos rodea?
La ansiedad y esas migrañas que tanto me martirizan y me nublan la mente no van a desaparecer por escribir unas líneas, pero, si consigo olvidarme de ellas durante unos minutos, ya habrá merecido la pena.
Así que aquí estoy, empezando de nuevo, sin saber muy bien hacia dónde voy, pero con ganas de descubrirlo.
Creo que vale la pena intentarlo. Y espero que este no sea el único escrito de todo lo que me queda por vivir.



